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Tarjeta Junaeb, la MasterCard del estudiante proletario chileno

Escrito por MQLTV

    *Por Gabriel Gutiérrez / Así Tal Cual

    Si eres clase media–baja puede que nunca tengas el dinero suficiente como para darte gustitos personales. Lo más cercano que has estado a un iPhone es cuando vitrineas en alguna multitienda, porque al final siempre llegas a fin de mes con la plata justa y las boletas a fin de mes hacen que todo sueño de querer comprarte algo se vaya a la basura. Puede que tu clasificación socioeconómica te complique la vida, pero hay una única instancia donde tener esta condición se transforma en algo beneficioso: la universidad.

    Loco, pareciera que Bachelet o la asistente social del Gobierno ve que en tu ficha dice “segundo quintil” y empieza al tiro a llenarte de un montón de becas. Bicentenario por aquí, Fondo Solidario por allá… no sé, ah; yo que soy de ese selecto grupo, camino por mi universidad con aires de grandeza por mi condición de pobre pero con tarjeta para comer. Si pareciera que hasta el Rector (cuando aparece fantasmalmente) me mira con ganas de que lo invite a almorzar <3 Y en este sentido, la cúspide de la grandeza viene cuando el Ministerio de Educación te mira con cara de “pobrecito” y te entrega una de las cosas más hermosas que puede existir en la vida: LA TARJETA JUNAEB. Ese precioso pedazo de plástico de 4 por 6 centímetros que te hace sentir el hombre más millonario del mundo. Te hace pasar de ser Junior Playboy comiendo jurel a ser Leonardo Farkas regalando almuerzos en dos segundos. Eso sí, como nada es color de rosa en la vida, son varias las cosas curiosas que existen en torno a esta tarjetita mágica.

    Se acabó la Junaeb. Hemos vuelto a nuestra vida de pobreza extrema. Eso sí, fue un hermoso mes con comida al extremo, fueron bellos 30 días de riqueza.

    Lo primero que sucede es la desesperación en cada fin de mes. Ese tiempo en que tienes dos opciones: o te alimentas de fotosíntesis como las plantas o haces una huelga de hambre (porque no te queda otra). A esa altura, toda la gente esperando impaciente las 12 de la noche para llamar al servicio telefónico de la Junaeb, donde te atiende una voz grabada que parece como de un secuestrador y te dice: “Su saldo es de $32.000. Ya puede dejar de comer tierra y alimentarse con comida de verdad”.

    Ese momento es magnánimo. Es como el año nuevo. Todos festejan y sonríen. Solo falta la música de Tommy Rey de fondo y se hace la fiesta. En el día 1 de cada mes uno se da cuenta al tiro que no es el único que esperaba ese día, porque en la universidad se ven manadas y manadas de jóvenes en la fila del casino, saltando de alegría, llorando y abrazándose porque cargaron la Junaeb. No sé, a mí me da alegría saber que no soy el único que está entre vivir en el Hogar de Cristo o debajo de un puente, pero la alegría me dura dos segundos cuando voy a comprar a algún negocio: ¡FILAS Y FILAS DE GENTE, LOCO! Tú podís ir a comprarte un chicle y aún así tenís que hacer una fila de dos horas. Peor aún a la hora del almuerzo, en el mismo casino, comenzái la fila cuando erís mechón y la terminái cuando ya estái titulado, con tu cartón universitario en la mano y, en el peor de los casos, jubilado, con tres hijos, cuatro operaciones por vesícula y dos a la próstata.

    ticket restaurant junaeb

    Salir a comer es otra odisea. Igual es medio difícil, porque tienes que salir por la ciudad a caminar como mormón buscando algún negocito que tenga ese cartelito verde que significa que ahí aceptan la tarjeta.

    Son horas y horas caminando por la ciudad donde terminái con várices hasta los dientes y calambres hasta en el pelo, pero cuando lo encuentras puedes decir: Gracias, Felipito, por el favor concebido. Aunque bueno, si lo querís hacer más fácil, puedes ir de una a un mall nomás y asegurarte de una que ahí habrán miles de negocios iguales esperando y rogándote que compres comida plástica y grasosa, pero rica. Eso sí, en lugares como estos tienes dos opciones de comer: la primera, comerte un completo de plástico como los del Doggis o unas papas fritas hechas de plasticina como en el KFC o, la otra, alimentarte de la comida a la que más se le hace bullying en Chile: “El menú Junaeb”. Loco, ¿alguien alguna vez habrá comprado esta cosa en su vida? Y siempre se muestra en un cartelito chico que está como en una esquina del negocio, tirado, lleno de telarañas y pensando: “Por favor, que alguien se digne a comprarme… tengo familia e hijos que alimentar con pasto. ¡Ayúdenme! En todo caso, mala jugada ah, porque los negocios de comida rápida te llenan con la variedad de alimento chatarra y grasoso más grande que hayas visto en tu vida: “Completos Gigantes”, “Cajas de papas fritas”, “Colas de ratón asadas en el Big Mac”, “Perrito Ahumado con Ketchup”, y entre medio de todo eso… “Menú Junaeb, que incluye: pasto de la plaza, matico, rosas marchitas y hojas de árbol para darle sabor”. No sé, si el Ministerio de Salud quiere hacer que las persones no engorden, utilicen estrategias más inteligentes, como ponerle anabólicos a las hamburguesas y se acabó el tema.

    Camino por mi universidad con aires de grandeza por mi condición de pobre pero con tarjeta para comer. Si pareciera que hasta el Rector me mira con ganas de que lo invite a almorzar.

    Eso sí, después de tanta alegría y vivencias de pobre, viene uno de los peores momentos que pueden existir en la vida, uno de los momentos en el que quisieras lanzarte del Costanera Center, caerte a la calle y volver a lanzarte de nuevo: ese momento en el que compras la Junaeb, sabes que el precio mínimo para gastar es $1.300, pero ves una boleta maldita que dice que te quedan $1.290 ¡MIL DOSCIENTOS NOVENTA PESOS, LOCO! ¿¡POR QUÉ SOY TAN HUMANISTA PA MIS COSA!? ¿¡POR QUÉ NO CALCULÉ BIEN LA COMIDA!? ¿¡POR QUÉ ME ODIAS TANTO, FELIPITO CAMIROAGA!? Y uno como que ve la boleta y la mira con tristeza. Que muerte de Mufasa, que muerte de la mamá de Bambi, ¡yo he llorado más viendo ese maldito 1.290 en la boleta! Pero en fin, se acabó la Junaeb. Hemos vuelto a nuestra vida de pobreza extrema. Eso sí, fue un hermoso mes con comida al extremo, fueron bellos 30 días de riqueza, un mes completo donde pude disfrutar mucha comida ric… ¿cómo? ¿Que recién estamos a 5 del mes? ¿¡Y ya me la gasté toda!? ¡NOOOOOOOOOOO!

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