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A 70 años del Nobel

Top 5: Los poemas más googleados de Gabriela Mistral

Hoy Google decidió conmemorar los 126 años del natalicio de la gran poeta chilena Gabriela Mistral. En MQLTV no queremos ser menos y por eso recopilamos los 5 poemas más buscados de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, nuestra campeona mundialla Premio Nobel de Literatura 1945.

1. Desolación

gabriela mistral

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
Me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
Tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
Y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
Miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
Si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
Crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
Vienen de tierras donde no están los que son míos;
Y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos
Sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
Al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
Hablan extrañas lenguas y no la conmovida
Lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
Miro crecer la niebla como el agonizante,
Y por no enloquecer no encuentro los instantes,
Porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
Que vine para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales;
¡Siempre será su altura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
De Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
Siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
Descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

2. Piececitos de niño

gabrielas

Piececitos de niño,
Azulosos de frío,
¡Cómo os ven y no os cubren,
Dios mío!

¡Piececitos heridos
Por los guijarros todos,
Ultrajados de nieves
Y lodos!

El hombre ciego ignora
Que por donde pasáis,
Una flor de luz viva
Dejáis;

Que allí donde ponéis
La plantita sangrante,
El nardo nace más
Fragante.

Sed, puesto que marcháis
Por los caminos rectos,
Heróicos como sois,
Perfectos.

Piececitos de niño,
Dos joyitas sufrientes,
¡Cómo pasan sin veros
Las gentes!

3. Dame la mano

damelamano

Dame la mano y danzaremos;
Dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
Como una flor, y nada más.

El mismo verso cantaremos,
Al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
Como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
Pero tu nombre olvidarás,
Porque seremos una danza
En la colina, y nada más.

4. Niebla

mistrals

La niebla ha ido adensándose
En forro azul -ceniciento
Y cegando el mar nos hurta
La nidada de archipiélagos:
Hembra tramposa y ladina
Que marcha con pasos lerdos.
Difumina a Chiloé,
Llega hasta Tierra del Fuego
Y trueca en malabaristas
Lomos de niño y de ciervo,
Y mi bulto escamotea
Sólo porque lloren ellos.

Ya las trampas le conozco
De redondear del cerco
Y hacer “la gallina ciega”
Con el pastor o el arriero.
Ella ahora esta jugándonos
El su sempiterno juego
Y urde ballenas y pulpos
De un vago mar hechicero.
Nos da por bien ahogados,
Perdidos y prisioneros,
Aunque estamos bajo de ella,
Como Dios nos hizo: enteros.

Les cuchicheo a mis críos
Que no es bulto, que es resuello,
Que no es brazo de ahogarnos,
Que es, no más, bostezo muerto,
Que no peleamos con héroe
Sino con blanco esperpento.
Y el huevo azul entreabrimos
A lancetadas de acentos
Y se lo desbaratamos
Con los dos calientes cuerpos.

En el acuario de niebla,
Acribillado de engendros,
El remador de tres mares
Se ha puesto a contar sucesos;
Dicen los lentos canales,
Romances los estrechos
Como quien devana mundos
Con las manos y los gestos.
Ahora el viejo está contando
El largo relato añejo,
De las costas masticadas
Por el mar de duros belfos
Y está diciendo a la Antártida
Qué habemos y qué no habemos.

La Antártida de su boca
Sube como alción en vuelo,
El blanco animal divino,
Engolado y soñoliento.
Así con ella dormimos
Fraternales y mansuetos,
La bestezuela del símbolo
Y el indio calenturiento.

No acabamos en donde
Se acaba igual que en los cuentos,
La Madraza que es la tierra
Y acaba con santo silencio;
Pero los tres alcanzamos
El apretadón secreto,
El blancor no conocido,
El intocado misterio.

5. Sonetos de la muerte

gagabriela

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
Te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
Y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
Dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
Y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
Al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
Y en la azulada y leve polvareda de luna,
Los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡Porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
Bajará a disputarme tu puñado de huesos!

II

Este largo cansancio se hará mayor un día,
Y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
Arrastrando su masa por la rosada vía,
Por donde van los hombres, contentos de vivir.

Sentirás que a tu lado caban briosamente,
Que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente
¡Y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el porqué no madura
Para las hondas huesas tu carne todavía,
Tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura:
Sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
Y, roto el pacto enorme, tenías que morir.

III

Malas manos tomaron tu vida desde el día
En que, a una señal de astros, dejara su plantel
Nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él.

Y yo dije al Señor: -Por las sendas mortales
Le llevan, ¡sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
O le hundes en el largo sueño que sabes dar!

¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad!
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor.

Se detuvo la barca rosa de su vivir
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!

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