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La Mujer Rota

Viejito pascuero, quiero pedirte…

Viejito pascuero, quiero contarte que hace años que no leía un libro -por llamarlo de la forma que primero se me viene a la cabeza- “no literario”, pensando lo literario -según algunos- como aquel tipo de escritura en que predomina, por sobre los hechos, la narración y las formas que adquiere la narración. Es decir, la pirueta, contorsión o malabar que crea el escritor para contar o narrar determinados acontecimientos, a diferencia de los textos no literarios, en donde no prima la forma de la narración, sino que prima por sobre todo las historias, los hechos o acontecimientos que se narran, sean estos verídicos o no.

Viejito pascuero, prometo que no suelo no leer este tipo de libros, la verdad es que estos libros no están para nada en mi biblioteca ni en mis recorridos por librerías, pero sí los he leído en algunas ocasiones de mi vida, creo que esta es la décima vez que sucumbo ante tal tipo de escritura, y creo que jamás me he arrepentido de esto, al contrario, me producen una especie de relajo, de viraje en 180° o 360° de todo lo que estoy leyendo a menudo y a diario y entre estas lecturas, por ejemplo, han pasado libros acerca de los judíos, libros del pueblo Yanomami y ahora el libro Hijo de la selva (la verdadera historia de Emmanuel, el hijo de Clara Rojas), entre otros.

Pero por sobre todo, viejito pascuero, pensé escribir acerca de este tema, a propósito de que me trajeron de regalo desde Colombia el libro “Hijo de la selva” publicado por Planeta este año, del autor José Crisanto Gómez.

Leía también, relacionado con esto mismo, en el twitter de Francisco Molina, alias @hallward_, algo así como que de tanto leer poesía, ahora volver a la narrativa y encontrarse con buenas historias lo tenía hastiado, diciendo: “me dan paja esos paisajes asépticos que pintan esos narradores cuenta historias”. Lo que me produjo mucha risa y complicidad, obviamente.

Pero por sobre todo, viejito pascuero, pensé escribir acerca de este tema, a propósito de que me trajeron de regalo desde Colombia el libro Hijo de la selva publicado por Planeta este año, del autor José Crisanto Gómez, el campesino que se hizo cargo del hijo de la secuestrada Clara Rojas (sin saberlo, por supuesto, sólo como acto de generosidad al ver una guagua abandonada), jefa de debate en la campaña de Ingrid Betancourt a la presidencia, que fue secuestrada con Betancourt el año 2002 y liberadas el 2008, hijo que tuvo con un miembro de la guerrilla (FARC), hombre al que mataron por no haber cumplido el hecho de no meterse con una secuestrada y que llevó a su asesinato con 20 votos a favor por sobre 10 que defendieron al hombre.

Viejito pascuero, para este año que viene quiero dejar de escuchar tales comentarios, quiero leer tranquila los libros que quiero leer, quiero que se dejen de repetir en los medios los libros que hay que leer sí o sí aunque sean bodrios.

Viejito, creo que leyendo este libro, que me ha gustado mucho, por lo demás, vuelvo a recordar las dicotomías por sobre las cuales se piensa la escritura, donde siempre han prevalecido los dos puntos de vista, los escritores y críticos que se inclinan por una buena historia y los que se inclinan por las formas que asume la narración del texto. Imagino por sobre todo en este último grupo a los franceses y seguidores de ellos, que están llenos de tips de que la estructura predomina por sobre todo en la escritura, llenándonos de tratados, listas y eso que llaman literatura experimental del más alto grado. Y no es que sea ajena a escritores como Marguerite Duras, Robbe-Grillet, Sarraute, Beckett, Queneau, Perec, al contrario, son de mis autores favoritos o los que más disfruto leyendo. Sino más bien, voy a esto y resumo todo esto, viejito, en que suelo leer en entrevistas, titulares, talleres literarios, cafecitos y otras variaciones de lo público sujetos que dicen, llenándose la boca y un poco levantando las cejas, lo literario es la forma en que se narra, no importa la historia, y repiten sin siquiera reflexionar en los mejores libros que han leído en su vida, como por ejemplo, en Los detectives salvajes de Bolaño, del que tanto se vanaglorian que han leído, o también en otras novelas como Crimen y Castigo, Los hermanos KaramazovLas almas muertas, Pedro Páramo, Especies de espacios, La pasión según G.H., u otras, que no son nada si fuesen sólo técnica, sólo un conjunto vacío de estructuras delineadas en el aire para satisfacer prejuicios ya instalados. Pero no, no son eso, y jamás podrían existir siendo sólo forma de narrar, forma al cuadrado.

Dejen de imitar y decir que un libro les gusta porque le gusta a mengano, o porque la forma que asumió la escritura es superior, y también escriban lo que quieran, dejen de copiar, escriban sin tanto molde preestablecido o prejuicios de academia.

No sé si me explico, pero viejito pascuero, para este año que viene quiero dejar de escuchar tales comentarios, quiero leer tranquila los libros que quiero leer, quiero que se dejen de repetir en los medios los libros que hay que leer sí o sí aunque sean bodrios, quiero que se dejen de repetir técnicas e ideas de taller literarios de los ’80, quiero que dejen de decir a cada rato que la técnica y la forma es más importante que la historia. Sólo quiero seguir creyendo que lo literario es también una especie de misterio más allá de la forma y la historia, del que no es bueno andar haciendo juicios positivos y negativos con cada palabra que se menciona, como si conociéramos ese misterio que nos trasciende, o como si ese misterio se llamara como algunos suplementos culturales, algunas universidades, el taller literario de moda, o las editoriales de moda, sino que sería mejor que para el año que viene, que todos se entregaran a la lectura libre y al placer de esa lectura, lean lo que quieran, dejen de imitar y decir que un libro les gusta porque le gusta a mengano, o porque la forma que asumió la escritura es superior, y también escriban lo que quieran, dejen de copiar, escriban sin tanto molde preestablecido o prejuicios de academia, sin temas de moda como esos que se te pegan al cuerpo como sanguijuelas o garrapatas que comienzan a comer tu sangre, tu mente y hacen una herida profunda del porte de un supermercado. Por favor, viejito pascuero, escúchame en este día. Viejito, por favor, viejito pascuero.

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