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Relato desgarrador

Volcán Calbuco: la apocalíptica crónica de la erupción de 1893, la más grande de la historia

Escrito por MQLTV

    No es la primera vez que el Volcán Calbuco entra en erupción y causa una tragedia de proporciones: lo que se vive en estos momentos en la X región ha sido una constante apróximadamente cada 20 años. Sin embargo, desde 1972 que el volcán no presentaba actividad eruptiva (hace 43 años), siendo éste el mayor lapso entre una erupción y otra en la historia reciente de la Provincia de Llanquihue.

    Para encontrar los primeros antecedentes documentados de la actividad del volcán tendríamos que remontarnos hasta 1792, año en que, según el Archivo Nacional de Volcanes y Sernageomin, está el registro más antiguo del Calbuco, otorgado por el geólogo Ignacio Domeyko en sus estudios de 1861.

    Luego de aquel supuesto primer registro a fines del siglo XVIII, se tiene certeza de al menos 16 erupciones del Calbuco en los años. Léase: 1893-1895, 1906-1907, 1909, 1911, 1917, 1929, 1932, 1945, 1961 y la mencionada última vez en 1972.

    Si bien la más impactante y recordada de todas fue la de 1961 -la cual se cree fue consecuencia directa del terremoto de 1960 que devastó el sur de Chile-, la ocurrida entre 1893 y 1895 fue descrita por cronistas, geólogos y antropólogos como la más destructiva de la que se tenga recuerdos.

    Wladimir Soto, investigador en historia y antropología del sur de Chile, es uno de los académicos que mejor conocen los hechos de aquel catástrofico 1893, el cual -según se cuenta- es uno de los desastres naturales más terribles que han ocurrido en esta parte del mundo. Les compartimos el desgarrador relato de Soto, escrito hace algunos años, a continuación:

    Fotografía de la erupción de 1961

    En 1893 ocurrió la actividad eruptiva más grande que ha tenido el Volcán Calbuco en los tiempos históricos. Las primeras señales que dieron indicios de esta erupción se produjeron en 1872, cuando débiles fumarolas se desprendieron de una cúpula de roca cubierta de nieve en el fondo del cráter de 1.500 metros de diámetro.

    El despertar: en febrero de 1893, en el cráter mayor se formó un domo desde el cual salían gases y material volcánico, surgiendo dos enormes columnas de vapor agua. Las explosiones en un principio fueron pequeñas y el piroclastros era emitido desde tres puntos distintos del cráter.

    El 17 de abril, a las 15:30 horas, la actividad eruptiva repuntó. La ceniza cayó hacia el sector de Ralún, produciéndose además, producto de los deslizamientos, un aumento del caudal de Río Hueñuhueñu. El 19 de ese mes, las aguas del Río Petrohué se tornaron turbias por las cenizas y el Río Blanco y Hueñuhueñu bajaron su caudal a causa de los deslizamientos de barro desde el volcán. El 28 de abril, a las 18:00 horas, los colonos de la Ensenada del volcán percibieron sismos y fuertes ruidos subterráneos, situación que se mantuvo hasta julio. Ya para agosto la mortalidad de peces era evidente en el Río Blanco, que había aumentado en varios grados su temperatura.

    Calbuco en calma. 1893

    Cielo oscuro: el 4 de septiembre de 1893 una explosión volcánica produjo una enorme columna que desparramó ceniza hacia el Lago Chapo. Al día siguiente, a las 4:30 de la madrugada, se produjo un estallido mayor y a las 9:00 los lugareños escucharon un fuerte ruido subterráneo que duró media hora, seguido por otro más agudo en intensidad. Grandes trozo de material se desplazaron hasta 8 kilómetros del cráter, mientras un olor fétido semejante a la polvera rodeaba al ambiente.

    A las 10:45 todo ruido cesó y el aire quedo lleno de ceniza que dejó todo a oscuras. En Puerto Montt la ceniza cayó por varios días, los habitantes de Puerto Octay encendieron lámparas a pleno día y la oscuridad hizo presa de Osorno. Muchos bosques ardían por la ceniza caliente y las columnas eruptivas llegaron alcanzar 9.500 metros sobre el nivel del mar.

    El fuego eléctrico: el 23 de octubre de aquel año se oyeron ruidos como descarga de artillería y se observó reiteradas veces fuego eléctrico en la columna de humo, la cual parecía una coliflor gigante que se levantaba sobre el cráter. Las cenizas cubrieron el Lago Llanquihue y se inició rápidamente la evacuación de los colonos del sector Pichi-Juan (Ensenada). El día 25, dos casas de dos colonos ya habían sido destruidas. Una comisión recorrió la zona para apreciar los daños: lo más impresionante que vieron era cómo los árboles se calcinaban por completo.

    El 29 de noviembre, a las 7:00 horas, se produjo la última explosión de importancia, acompañada de sismos y fuerte ruido subterráneo. La ceniza llego hasta el Río Maullín. Según los relatos orales en el sector de Cululir, el cielo se oscureció por completo, la capa de material eruptivo alcanzo 10 centímetros, llevando a los animales a raspar el suelo en busca de pasto. La actividad del volcán Calbuco paró recién a fines de 1895, quedando la parte superior de este macizo volcánico destruido y su actual perfil truco.

    Puerto Montt y el volcán Calbuco en calma, en 1893

    La erupción del volcán de Calbuco significó para los lugareños una gran perdida de ganado y terreno agrícola. Se perdieoron grandes extensiones de bosque nativo, además de una importante mortalidad de peces en los ríos vecinos.

    Este evento de la naturaleza nos recuerda que debemos estar siempre alerta a estos fenómenos para prevenir sus consecuencias. Sabemos que a futuro puede volver a ocurrir un episodio de estas características (el Volcán Calbuco es el más activo y peligroso de la zona, una de las últimas fumarolas fueron vistas en 1996), pero queda la pregunta si es que hemos aprendido algo y las autoridades han tomado las medidas necesarias para prevenir cualquier futura tragedia. Sin embargo, el volcán seguirá durmiendo, su tiempo es más antiguo que nosotros, quizás nuestro respiro sólo es un suspiro para él en su milenaria existencia.

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